Skip Navigation

El paraíso de los Schaffer

El paraíso de los Schaffer

Fred Schaffer: Su actitud de “manos a la obra” hizo que lo lograra con el RREM

Hubiera sido más fácil “lavarse las manos” después de que el huracán azotase dos veces la costa de Jersey si Fred y Marjorie Schaffer fuesen personas fáciles de derrumbarse.

 

Pero no lo son. Están hechos de buena cepa, y creen en su comunidad.

 

En esos meses caóticos después que Sandy arrojó 3½ pies de agua dentro de su bungalow de tres dormitorios en la zona de Mystic Island en el municipio de Little Egg Harbor, en el condado de Ocean, los Schaffer pusieron a un lado sus sentimientos de desesperación. Las raíces familiares plantadas aquí cuando compraron el bungalow, como casa de vacaciones en 1993, necesitarían cuidado si querían tener la oportunidad de emerger de las inundaciones.

 

Fred se registró en el principal programa de reconstrucción del Estado, el Programa de Reconstrucción, Rehabilitación, Elevación y Mitigación o más conocido como RREM. Tenía grandes esperanzas de que el monto de $150,000 pudiese llenar el vacío después de que la asistencia de los seguros y cualquier otra se quedasen cortas para hacer frente a lo que necesitaba para la reconstrucción.

 

Un artista gráfico de profesión, Fred no tenía experiencia en construcción, pero su actitud de “manos a la obra”, junto con el asesoramiento de su vendedor de viviendas modulares, fueron dos grandes factores de motivación.

 

Frente a la devastación generalizada provocada por el huracán Sandy, Fred nos dice que evocó la determinación necesaria para tener su casa de nuevo; pidió la ayuda al programa para poder enfrentar las dificultades y no perder su preciada casa.

 

El bungalow de verano de los Schaffer sobre la laguna se convirtió en su hogar permanente sólo tres años antes del azote de Sandy, el 29 de octubre de 2012. Marjorie, una profesora de secundaria, justo había conseguido la cocina que quería.

 

Cuando el huracán se orientó hacia la costa este, la pareja ideó un plan. Fred, quien sufre una discapacidad en su espalda, se acomodaría en la casa de su madre una milla adentro, su esposa se quedaría en Middletown con una de sus dos hijas. Ellos se prepararon bloqueando las puertas, y amontonando sus valiosas antigüedades sobre camas, mesas y mostradores. “El agua entró de todos modos” -dice Fred.

 

Tres y medio pies de agua se abrieron camino desde la laguna después de la primera marejada ciclónica. Fred, temiendo sobre lo que podría encontrar, estaba reacio a volver a la casa. Pero él se puso las botas para marchar vadeando a través de las crecidas aguas turbias hacia su casa en dirección a Lake Superior Drive. “Miré y empecé a llorar. Todo estaba como un charco”.

 

El golpe siguiente de Sandy llegó con la segunda oleada, destruyendo casi todo lo que se le escapó del primer embate. “Cuando finalmente regresamos allí (otra vez) y vimos los daños…” dice Fred, con un hilo de voz.

 

“Hay botes en la calle que no te pertenecen” -recordaba hace poco en una tarde. “La fuerza del agua abrió con un estallido un sillón reclinable. La chimenea terminó enfrente de la casa.” Las crecidas de agua desgajaron la terraza posterior, y convirtieron en pedazos su mamparo.

 

En su bungalow de verano, al igual que en muchos a lo largo de la golpeada costa, se borraron las posesiones que hacen de una casa un hogar. En altas pilas sobre la vereda, se encontraban colchones y muebles empapados, desintegrando fotos y reliquias y recuerdos de generaciones.

 

Después de firmar su adjudicación con el RREM en octubre de 2013, la pareja agarró su perro salchicha Roxy y sus dos shih tzu, Stitch y Mia, y se mudaron al remolque de 27 pies que Fred compró y estacionó en su propiedad. Después de la demolición de su bungalow, su vecino les dio permiso para aparcar temporalmente en su propiedad.

 

Durante 14 meses, tuvieron en primera fila la vista de la grúa fijando su casa modular sobre pilotes en el lote de 50 por 100 pies cuadrados. Estuvieron allí durante las entregas de las cerámicas de vidrio de color arena y los electrodomésticos de acero inoxidable que Marjorie pidió para su nueva cocina con gabinetes de caoba de 42 pulgadas. Sus opciones de color para sus nuevas tres recámaras y dos baños y medio en agua marina y verdes cálidos neutros, reflejan los colores del océano y la arena.

 

Los rostros de Fred y Marjorie se iluminaron con orgullo, cuando mostraron los 1,100 pies cuadrados que llaman “Nuestra terapia” a David Reiner, Comisionado Adjunto del Departamento de Asuntos Comunitarios, y a Sam Viavattine, Director de la División Sandy de Recuperación. Con todas las obras ya terminadas, la pareja podía respirar.

 

Fred reconoció el valor de ser su propio jefe y estar involucrado en las acciones de recuperación tras la tormenta.

 

Así como él continúa con su recuperación (todavía obstaculizado por el mal de su espalda), también puede reflejar con cariño rayos de luz. Lo principal para ellos fue la estabilidad que su consejero de vivienda trajo a sus vidas después de que perdieran su hogar en la tormenta. Esto incluyó el optimismo de lograr tener otra vez su paraíso.

 

Samantha Wagner, la asesora de RREM para los Schaffer en el Centro de Recuperación de Vivienda en el condado de Ocean, en Lakewood, fue su guía. “Si usted le hacía una pregunta, ella le daba una respuesta” –dice Fred.

 

Con su casa lista, Samantha ayudó a los Schaffer a dirigirse a la División de Servicios para Discapacitados del Departamento de Servicios Humanos de New Jersey, donde el Programa Sandy de Ayuda para Acceso a Casa, les proporcionó una rampa deslizadora para los 13 peldaños para llevar a Fred y a Marjorie hasta su pedacito de paraíso, ahora elevado sobre 10 pies del suelo.

 

Cuando la pareja mira hacia atrás en esos días vertiginosos, un recuerdo emerge que expresa la razón por la que reconstruyeron en Mystic Island, una comunidad que han llegado a amar.

 

“Las personas que no tuvieron inundación llegaban ofreciendo bizcochitos; había comida gratis en la escuela secundaria; la Cruz Roja traía la cena” -dice Marjorie. “Me hizo llorar”.

 

“Eso es lo que me impresionó” -agrega Fred, “Cuando abrían la puerta trasera de la camioneta y nos decían, ‘ven…, toma algo para comer'”.

 

 

Para más historias como ésta, por favor, visite nuestra página Recuperacion en la mira